ProMisiones
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Ministerio de promoción y apoyo a las misiones cristianas orientadas hacia los pueblos y etnias postergadas del Perú

Notas misioneras

Misión y Cultura


Jesucristo no es cautivo de ninguna cultura y es el amo de todas las culturas.

− Leighton Ford



La Misión en los Salmos


Esta misionología presente en la poesía hebrea carece de metodologías mercantilistas, de proselitismos agresivos y deshumanizantes, y de reduccionismos nefastos. La invitación de los salmistas es a la "vida", la cual proviene del único Dios verdadero que se resiste a cualquier tipo de manipulación o reducción.

− Esteban Voth


Es significativo notar que en los Salmos hebreos la misión nunca se presenta en términos de «estadísticas» sino en la afirmación de que en Dios, el que verdaderamente reina, hay una esperanza de vida para el «otro». El «otro» nunca es un número, una persona «ganada», sino alguien que puede acceder a una nueva definición de la realidad a partir de una comprensión teológica de la misma, en la que Dios es el soberano universal que se interesa por la condición humana.

− Esteban Voth



La Iglesia como Buen Samaritano


En suma, se puede afirmar que la iglesia, la comunidad de Jesús, es desafiada permamentemente a ser como el buen samaritano de la parábola. Pasar de largo frente a las necesidades de los seres humanos, como el sacerdote y el levita, es negar la naturaleza liberadora del evangelio y la vocación misionera integral de la iglesia. Ser como Jesús, que extendió su amor a los samaritanos despreciados y segregados por los «piadosos» judíos, es abrir un camino de esperanza y alegría en una sociedad sacudida por la violencia, una sociedad que desprecia la dignidad y los derechos de los más débiles. Dios nos invita a ensanchar nuestra tienda más allá de los límites de nuestros prejuicios teológicos e ideológicos.

− Darío López



Los Once y la Gran Comisión


Jesús comisionó a un pequeño grupo de once hombres para llevar adelante su obra y difundir el evangelio por el mundo entero (Mt. 28.19). No se trataba de gente distinguida o bien ilustrada, ni tampoco contaban con protectores influyentes. En su propio país no eran nadie y, de todos modos, su nación no era sino una simple provincia de segunda clase en el extremo oriental del mapa romano. De haberse detenido a considerar sus posibilidades de éxito en la misión − y esto aún concediendo que estaban convencidos de que Jesús vivía y que su Espíritu los acompañaría para capacitarlos en la tarea − sus corazones seguramente tendrían que haberse sumido en el desaliento. Tan desfavorables eran sus perspectivas. ¿De qué manera, pues, podrían tener éxito?. Pero, pese a todo, lo tuvieron.

− Michael Green


Exhortación a las misiones


Por lo tanto, si hemos resistido la dimensión misionera de la vida de la iglesia, o la hemos descartado como si fuese prescindible, o la hemos atendido a regañadientes ofreciendo una cuantas monedas de mala gana, o si nos hemos ocupado de nuestros propios asuntos con miras estrechas y limitadas, es necesario que nos arrepintamos; es decir, que cambiemos de mentalidad y de actitud. ¡Profesamos creer en Dios? Dios es un Dios misionero. ¿Decimos que estamos al servicio de Cristo? Cristo es un Cristo misionero. ¿Afirmamos que estamos llenos del Espíritu? El Espíritu es un Espíritu misionero. ¿Nos deleitamos en pertenecer a la iglesia? La iglesia es una sociedad misionera. ¿Esperamos ir al cielo al morir? El cielo está lleno de los frutos de la empresa misionera. No es posible evitar estas cosas.

Si algunos tenemos necesidad de arrepentirnos, todos tenemos que entrar en acción. El cristianismo auténtico de la Biblia no es una pequeña religión escapista, egoísta, cómoda, autocomplaciente y segura. Todo lo contrario, resulta profundamente perturbadora para el que busca seguridad y protección. Es una fuerza explosiva y centrífuga, que nos arranca del estrecho egocentrismo y nos arroja al mundo de Dios para dar testimonio y servir. De modo que debemos buscar formas prácticas, individualmente y a través de nuestra iglesia, de expresar nuestro compromiso.

− John Stott


Iglesia y Misión


Como cuando cae una pequeña piedra en un recipiente de agua, la gracia de Dios se derrama sobre el mundo y produce pequeñas oleadas que se van expandiendo desde el lugar donde cayó la piedrita hacia la orilla del recipiente. Asimismo nuestra visión de la misión de la Iglesia comienza en el centro, en Jesucristo, ligada a la Palabra de Dios, proclamada verbalmente y representada sacramentalmente. Como aquellas pequeñas olas, la fe de la única, santa, católica y apostólica comunidad de creyentes, inevitablemente se esparce hacia el exterior, hacia el mundo. Esta fe misionera se define con unas «palabras nuevas» que expresan la manera como la Iglesia se extiende en misión hacia el mundo: koinonía, kerygma, diakonía y martyria.

− Carlos Van Engen


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